Más allá de las dietas:
El origen de mi historia
Desde que tengo memoria, mi cocina nunca ha estado en silencio. Siempre ha estado llena de risas, manchas de harina en la encimera y manos pequeñas compitiendo por remover la cuchara.
Cocinar con mis hijos y mis sobrinos ha sido, y sigue siendo, mi verdadero laboratorio de vida. Verlos descubrir texturas a través del juego y adueñarse de la mesa me enseñó algo que ningún manual clínico explica: la cocina es el escenario donde se construye el mapa emocional de cualquier niño.
Y sí, como en casa somos neurodivergentes, sé de primera mano lo que es lidiar con la alta sensibilidad a los olores o los rechazos a ciertas texturas. Por eso, en mis escritos siempre dejo caer pequeñas pinceladas y trucos adaptados para estos cachorros; aunque este espacio está pensado, ante todo, para aliviar y transformar el día a día de cualquier familia.
Por qué colgué la bata de la consulta tradicional
Durante años trabajé con mi bata blanca como dietista clínica, ayudando a cientos de personas a batallar contra sus problemas digestivos en sesiones individuales. Pero cada vez que volvía a casa y miraba a mi alrededor, ponía en duda el sistema.
Me di cuenta de que el formato tradicional de ir a consulta a por un menú cerrado o una lista de alimentos prohibidos está roto. La verdadera salud intestinal y emocional no se consigue con restricciones que saturan aún más a los padres. Se consigue bajando
al suelo de la cocina, jugando en equipo y entendiendo cómo funciona nuestra mente y nuestro cuerpo.
Por eso, decidí dar un paso valiente: cerré las consultas 1 a 1 para volcar todo lo que soy —dietista integrativa, cocinera y futura psicóloga— en un proyecto mucho más expansivo.
Tu puente familiar
Hoy mi misión ya no es poner dietas, sino ser vuestro puente. Habito esa “tierra de nadie” que a veces queda entre el colegio y la casa para traducir la ciencia, la digestión y las emociones en el idioma de los chicos.
Escribo mi newsletter semanal inspirándome en el caos real de una cocina familiar. Lo hago para quitarle peso a tu mochila y para darles a ellos herramientas críticas frente a las pantallas, la dopamina y los antojos.
Aquí, las recetas que se queman se celebran y la flexibilidad es la nota más alta; es el verdadero excelente. No contamos calorías, aprendemos a escucharnos.
¿Te unes al equipo? Escribo este espacio para facilitarte el viaje🩶